Don Andrés Iniesta Luján

por Bienvenido Picazo

Tras lo visto y pase lo que pase, el Marqués seguirá. Me temo. Pero no, hoy no vamos a hablar de ningún personaje con porte de marqués, ni de conde, ni de alcurnias, ni siquiera de ningún vizconde venido a menos. Hoy vamos a hablar de un verdadero Grande de España, con mayúsculas. Vamos a hablar de un tipo al que la historia tratará con mimo y conforme vayan pasando los años, irá aumentado su halo, su figura y su palmarés, no de copas ni de ligas, sino del manto de humildad y genialidad que lo va a cubrir en todo el orbe futbolero. Don Andrés Iniesta Luján, natural de la pequeña localidad de Fuentealbilla, sita en la provincia de Albacete, proclamo, a quien quiera escucharme, debería ser nombrado ¡ya mismo! por la UNESCO, Patrimonio Mundial de la Humanidad. Los laboratorios más conspicuos ya deberían haber recogido hectólitros de su esperma para su regeneración y clonación. Más allá de las pasiones, reconocer su imprescindible concurso en las gestas del combinado nacional es tan obvio como necesario. La sublimación del juego del balompié pasa por contemplar su figura, grácil, suave, imprevisible y al mismo tiempo generosa, creativa. Genial: su fútbol es genial; mas como resulta que el tipo no tiene apellido impronunciable, abdominales mayestáticos ni anda con esta o aquella última modelo de pasarela vacua, pues su figura resulta triste como la de su paisano Quijano, don Alonso. Como no suda, parece que no corre, como no tira penaltis, ni faltas, pues no tiene tiempo de posar para la posteridad. El pobrecico se limita a imitar y mejorar a Von Karajan. Dirige y reparte y crea y decide el tempo de los partidos y subyuga a los rivales y los hipnotiza. Encima, el tipo no se queja de las continuas tarascadas que recibe, ni protesta al árbitro, ni señala a los compañeros, ni pone cara de fastidio, ni ninguna otra. Impertérrito, pero no inexpresivo. Buena persona. Yo creo que lo que mejor resume el fútbol de don Andrés es que su bonhomía traspasa la pantalla y el rival sucumbe a su poder hipnótico. Esotérico, diríase que es una suerte de serpiente Ka. Sí, sí, la de El libro de la selva, aunque compararlo con un áspid sería una torpe bajeza por mi parte. El caso es que los contrarios se desorientan cuando lo tienen frente a él o detrás o les aparece por el costado o por arriba o por abajo. Gracias a la impagable UEFA, en este Europeo hemos descubierto un biorritmo o un algoritmo o un contubernio o vaya usted a saber qué, y dice el programa informático que no, que a don Andrés le falta un hervor para figurar en el Gotha futbolero europeo. Que le falta un hervor es evidente, sólo basta mirar su epidermis, más bien láctea. Pero nadie, salvo la UEFA puede negar que es el más imprescindible de los jugadores. No quiero hacer sangre del patético programa que es más que probable que estará teledirigido por alguna multinacional, a quien Dios confunda, en pos de seguir obteniendo billetes aportados por millones de zombis con pinta de aficionados al fútbol. Mejor despreciemos olímpicamente a quien no se postre de hinojos ante don Andrés Iniesta Luján.

Cruel momento para recibir al verano en Bélgica, porque seguimos entre brumas, aguaceros, huelgas, amenazas de todo tipo, policía corrupta y políticos más corruptos todavía.