El fútbol sobre todas las cosas

Aunque parezca mentira y una vez coronado el campeón de la Liga de Campeones, la temporada no ha terminado. Ni mucho menos. En realidad ahora las temporadas ya no tienen temporada. Ahora, ya no hay descanso. Antaño, el verano servía para reposar los excesos y las emociones de goles, penaltis, fueras de juego, fichajes y entrenadores cesados de forma cordial o inmisericorde según los casos. La información deportiva vivía de rumores de compra venta y bolos veraniegos. Hoy, con las UEFAs y las FIFAs y las televisiones al acecho no hay espacio para otros eventos. La temporada de clubes no ha terminado, puesto que falta un mes de eliminatorias con ascensos por dirimir, y ya desde la semana que viene y durante un mes, la Eurocopa de Francia va a concentrar todas las atenciones. Por no hablar de la Copa América al otro lado del charco. Para colmo, eventos como Roland Garros, se interrumpen por la lluvia y dejan todo su protagonismo al todopoderoso fútbol. El Giro de Italia ha pasado casi de puntillas. El baloncesto está recluido en su mundo y los Juegos Olímpicos quedan muy lejos y siguen rodeados de polémicas de zykas, infecciones y cuitas políticas de toda índole. Brasil sigue en el ojo del huracán. El fútbol lo tiene todo bajo control. Sin solución de continuidad tras la Eurocopa se retomarán las supercopas nacionales, la europea y el inexorable inicio de los campeonatos nacionales otra vez. El 5 de agosto comienzan los Juegos de Río, para entonces la Premier ya estará a pleno rendimiento. Encima con todos los casos de dopage, de pasados juegos olímpicos, que sistemáticamente salen a la luz, la dinámica tiende al monopolio absoluto por parte de un deporte que sigue anquilosado, negando la tecnología hasta en los campeonatos de más relumbrón, favoreciendo polémicas hueras y favoreciendo de paso a los más poderosos, que así seguirán siendo más poderosos. En caso de duda, apoyar al grande que los pequeños siempre gritan: “¡Vivan las caenas!”.

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