El Mar de los Impuestos Invisibles

Por Jaime Arenillas

Comida de familia en el Restaurante Doade, uno de los templos gastronómicos de la Ría de Aldán, comarca de O Morrazo, Pontevedra. Me cito con Indalecio en los postres, tras degustar la mejor lubina salvaje de Galicia. Indalecio Novas es dueño de este local desde hace años. Pero antes fue marino, y de los buenos. Y durante 9 años, hasta 1967, trabajó en la marina mercante de Noruega. “Muchos barcos pasaban años sin recalar en puertos noruegos. La flota noruega era incontable”. Tantos años después, nos sentamos con un ron-cola y abordamos una polémica candente. Es la lucha que persiguen él y otros marineros a los que Noruega se niega a pagar su parte de proporcional de jubilación, pese a haber cotizado legalmente todos esos años.

Indalecio Novas Jaime Arenillas
Indalecio Novas

Mi primera duda: Cómo un joven gallego podía acabar en la Noruega de los años 50. “Entre los marineros se corría la voz de que Noruega necesitaba mano de obra. Se decía que si conseguías llegar a Noruega encontrabas trabajo sin ninguna dificultad”

Indalecio viajó desde Vigo a Oslo durante tres días y tres noches en trenes de tercera clase, sentado en un banco de madera. “Al llegar a Oslo nos dimos cuenta de que ya nos estaban buscando en la estación, sin saber siquiera de nosotros. Las empresas solían esperar en los andenes por si llegaba alguien interesante para ellos. Tenían preferencia por los marineros del noroeste de España, sabían que no defraudábamos. Yo embarqué al día siguiente de llegar. Eso sí, se aprovechaban de la situación y te asignaban un puesto de menor categoría que el que por experiencia te correspondía”. De este modo, Indalecio comenzó a trabajar de maskingutt. Su primer viaje fue a California. Llegó a pensar en quedarse allí al tocar tierra. “Al final se me amuebló la cabeza y decidí quedarme en el barco. Veía en los noruegos gente seria. En España en aquella época no se pagaba bien y había mucha corrupción. En el barco noruego no se sentía la diferencia de categoría entre empleados e iba todo sobre ruedas”.

Transcurrieron 9 años en los que Indalecio trabajó en diferentes barcos noruegos, todos ellos a cargo de la poderosa naviera Fred Olsen. “Yo me hubiese quedado a vivir allí, pero cuando uno es joven no piensa en jubilarse ni en hacerse mayor”. Ahondamos en el tipo de contrato que firmaban, intentando buscar un motivo legal que justifique la negativa de Noruega a pagarles la pensión de jubilación. “Los contratos eran todos indefinidos. Pero podías dejar el barco cuando quisieses y cobrar la liquidación correspondiente. Después de unos días o semanas libres, se podía solicitar la reincorporación y se firmaba un nuevo contrato. Siempre se cobraba más de lo que uno esperaba con la liquidación. Detalles como ese hacen que no encuentre explicación a la negativa actual, siempre tuve a los noruegos por decentes y muy honrados”.

Uno de los principales motivos por los que Noruega declina pagar pensión a los marineros españoles, es que España no tenía convenio laboral con Noruega en aquellos años. No lo tuvo hasta los años 90. “Íbamos por nuestra cuenta, no nos apoyaba nadie. Pero yo pagaba mis impuestos en Noruega cada mes. Durante 9 años, una parte de mi salario quedaba allí. Pero no hay pensión. Los que trabajaron en situaciones similares en Alemania, en Holanda… todos reciben su paga proporcional al tiempo cotizado.”

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Son muchos los marineros afectados por esta situación. Algunas estimaciones hablan de hasta 12.000 personas. Muchos han muerto o son ya ancianos. Otros sobreviven con pensiones muy bajas, en situaciones al límite. Una gran parte de aquellos marineros se juntaron hace 6 años constituyendo la asociación “Long Hope” en defensa de sus derechos, reconocidos incluso por el tribunal de Estrasburgo de la Unión Europea. La asociación nació con optimismo y con la certeza de que reclamaba justicia. “Fuimos de más a menos al principio. No teníamos mucha fuerza económica y eso se notaba. Tuvimos muchas esperanzas cuando un político del PSOE, Antolín Sánchez Presedo llevó nuestra reclamación a la Unión Europea. Ante las reiteradas negativas del gobierno noruego, escribió un artículo en prensa en el que renunciaba a seguir intentándolo. Fue un duro golpe para nosotros. Después vino otra gente que trajo entusiasmo y nuevas ideas.”

Con esa nueva dirección, y un esfuerzo económico importante, Long Hope contrató los servicios del abogado noruego Øivind Østberg, quien se encarga actualmente de litigar con las instituciones noruegas. Las razones que da Noruega para no pagar las pensiones correspondientes son difusas y poco claras. Desde el –a su entender– extraño uso de los apellidos en España (que según Noruega podría dar a fraude) hasta el hecho de que los marineros nunca trabajaban en “suelo noruego” sino en barcos en alta mar. Aducen también que muchos marineros preferían cobrar el sueldo íntegro y no pagar impuestos, y que sería difícil distinguir a día de hoy cómo actuó cada empresa y cada trabajador. “Dudo que en aquellos tiempos hubiese empresas que pagasen los sueldos íntegros sin impuestos. La sensación que teníamos era que allí había marcha única y todas las empresas se comportaban con la misma seriedad.”

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La conversación con Indalecio fluye tranquila y apasionada al mismo tiempo. Es entonces cuando le pregunto por la falta de apoyo de todas las instituciones gubernamentales en España. “Tanto el Gobierno de Galicia como el Gobierno de España nos han ignorado desde el principio. No hemos tenido ningún apoyo ni ninguna ayuda al respecto y no nos podemos explicar este silencio. Estamos luchando por nuestra cuenta”. Los medios locales han escrito numerosas páginas con su historia y el impacto mediático ha crecido en las últimas semanas a nivel nacional. En el porvenir se divisa un mar en calma chicha. Un mar que desde Long Hope se empeñan en embravecer. Se manifiestan todos los meses para hacer ruido. Hombres de mar que claman por sus derechos en el asfalto que rodea lugares como el consulado noruego de A Coruña, o la subdelegación del Gobierno en Vigo. Nadie sale a hablar con ellos. Muchos de los viandantes con los que se tropiezan no conocen un solo aspecto de su triste realidad. Pero lo siguen intentando. Incluso han abierto iniciativas de apoyo en change.org donde solicitan directamente a la Presidenta Erna Solberg que les pague lo que es suyo.

Indalecio habla y sonríe, y en él se vislumbra esperanza, pero también hartazgo. Y percibo la soledad que siempre acompaña al marino. Me muestra sus documentos, perfectamente conservados y con olor a sal y a máquina Underwood. Contratos de trabajo, permisos migratorios, salarios, declaraciones de impuestos. Todo sellado y firmado. Una prueba documental irrefutable.

Es curioso. La impotencia no ha afectado la memoria que Indalecio tiene de aquellos años. “El recuerdo es muy bueno. El trabajo era encantador. Veníamos de España de trabajar a látigo, a cambio de poco y sin capacidad para exigir nada. Había que trabajar y callar la boca. De repente, llegamos a un país moderno y estupendo, para trabajar y ganar dinero. Por eso la decepción ahora es aún más dolorosa. Nos sentimos con fuerza, hay que ir a muerte”.

Recientemente, Long Hope anunciaba que 206 de sus miembros han decidido denunciar su caso en la corte noruega. Tal vez por ahí iban los tiros cuando Indalecio me comentó que esperaban una solución definitiva en 2016. Pero la actitud del gobierno noruego sigue tajante y firme. Tal vez los tribunales consigan aclarar este asunto de una vez por todas. Y que un barco cargado de skatte rancio –y con intereses– entre pronto triunfal por el Océano Atlántico español

*skatt = impuesto

*maskingutt = mozo de máquinas

Indalecio Novas con Jaime Arenillas
Indalecio Nova con Jaime Arenillas