La conciencia del puzle

saltium-madrid
Cueva de sal para pacientes con problemas respiratorios del centro Saltium en Madrid.
Laura Cano. Madrid. 04/12/2016.

Entre mayo y junio de 2016 participé como voluntaria becada del Servicio de Voluntariado Europeo para el proyecto ReAnimate de una asociación local en Baia Mare, al noroeste de Rumanía. Mi estancia en el país tuvo que ser prematuramente interrumpida por la enfermedad que, al principio, no quise admitir. Tras un largo proceso de curación, todavía incompleto en el momento de escribir estas líneas, comprendí que el colapso no siempre se presenta repentino y totalitario, sino que se gesta hasta alcanzar la evidencia más flagrante. Y aún somos capaces de minusvalorarla, esa evidencia, cuando nos golpea, por no querer encajar el golpe. Mi sistema respiratorio no funcionaba, o funcionaba bajo mínimos, como todo mi cuerpo por consecuencia directa de no poder respirar bien. Durante un mes intenté compaginar mis tareas de voluntaria en hospitales y orfanatos con las visitas a médicos, y me agoté doblemente. Alguien tenía que decirme qué diantres sucedía con mi cuerpo y darme algo para que se me pasara. Me dijeron y me dieron muchas cosas. Pero la extenuación no se resuelve con fármacos.

Paralelamente a mi obstinada lucha por seguir en Rumanía, se narraban al mundo otras evidencias de un desastre mucho más trascendente. El desgajamiento de la solidaridad sucede por partes, a cachos, en este inmenso puzle planetario y multidimensional. Pero ¿cómo puede el mundo saber que su solidaridad se desgaja si una sola conciencia no puede, tal vez no quiere, hacerse cargo de demasiadas piezas? Esa conciencia occidental que solo atiende a las piezas de su salario, no contempla que su felicidad pueda verse afectada por los asesinatos diarios de civiles en Siria. O esa conciencia española, por ejemplo, que no se preocupa del Brexit, desconoce cuán vertiginosas se desmoronan ya la estabilidad presupuestaria, las oportunidades para el progreso y la unidad en Europa, al tiempo que crecen los delirios de la insolidaridad. Si el Brexit nos parece cosa de ingleses que nunca han querido adaptarse a Europa, mientras nosotros subsistimos bajo el yugo tiránico de Merkel y, por tanto, entendemos y compartimos que otros países quieran largarse de esta Europa recaudatoria, vivimos en un delirio insular. En el delirio, la felicidad puede preservarse temporalmente, pero el entendimiento queda enteramente afectado. Esa felicidad, además, es ilusoria. Porque si la solidaridad global se desgaja, todo va de mal en peor. El desgajamiento repercute en la totalidad del puzle. La perpetuación del delirio (que las piezas lejanas son asuntos ajenos que poco o nada deben afectarnos y, si amenazaran con hacerlo, el Estado debiera fortificarse) acaba siempre en colapso.

«El desgajamiento de la solidaridad sucede por partes, a cachos, en este inmenso puzle planetario y multidimensional»

No se puede vivir en la autarquía mientras las dimensiones que rigen nuestros destinos sean irremediablemente globales y virales. La industria, la economía, el mercado de armas y el financiero, y la cultura mediática están en manos de conciencias que sí tienen amplitud de miras, independientemente de lo que prediquen. Pocos gobernantes se dedican solo a gobernar su parcela y a cuidar del huerto en los ratos de ocio. Conocer los mecanismos que orquestan las amenazas permite interpretarlos también a la inversa. ¿Cómo podrían servir al progreso y a la estabilidad? ¿Cómo podrían funcionar mejor para la gente? ¿Cómo podemos encajar las piezas del puzle? Si además hay que despotricar, hagámoslo contra la proliferación de armas.

La conciencia siempre tiene algo de margen para imaginarse ausente, ajena y separada del resto. Yo llevé esta desconexión hasta el final del colapso. Mi conciencia quiso seguir atenta a lo que parecía de su exclusiva conveniencia: eludir el cuerpo y acumular paisajes. Pero también acumulaba esfuerzos innecesarios e incoherencias que habían fragmentado la totalidad: la habían desconectado del cuerpo. Irremediablemente, la desconexión acaba por alcanzar y envolver a la conciencia que, si no está preparada para hacerse cargo, puede quedar muy dañada y confusa. Pero siempre es mejor despertar del delirio para encontrase con el puzle y agobiarse ante su inmensidad. Solo entonces la conciencia puede empezar a buscar los mecanismos reguladores, estudiarlos y seleccionarlos cuidadosamente. Yo he encontrado un mecanismo regulador de mis mucosas en la haloterapia. Durante un periodo todavía indefinido, mi pieza en el puzle del mundo me representará tumbada en una cueva de sal.