La relatividad del buen tiempo

Por Ángel Montero

El género humano es tan variado y rico que esquiva cualquier generalización. Pocas cosas hay que se puedan decir de las personas en su conjunto sin que ese mismo argumento se desmonte a los pocos instantes. Una de estas generalizaciones es el buen tiempo. «Todos queremos buen tiempo».

El deseo de que haga buen tiempo puede tener como trasfondo que nos vaya bien. Y según nuestras costumbres, se suele corresponder con un clima templado y cómodo para nosotros: sol y ausencia de lluvias. Pero ¿es este un buen tiempo?

Analicemos la situación. El tiempo puede cambiar mucho, de un vendaval a un calor achicharrante, de una sequía a una tormenta o una inundación.

A primera vista, tenemos razones para pensar que un clima templado y sin novedades es una de las mejores opciones. Pero ¿es siempre así?

La propia pregunta casi nos da la respuesta si prestamos atención. Desde luego que no. En un mundo complejo, «siempre» queda rápidamente descartado. Entonces, ¿un clima templado no es buen tiempo? Depende de las circunstancias.

Buen tiempo contiene la palabra «bueno». Esto es bueno con respecto a mí. Pero ¿el clima existe por nosotros, respecto a nosotros? No, nada de eso. Nosotros podemos influir en el clima como uno más de los factores e incluso alterar los demás factores, pero no hay ninguna relación entre el clima y nosotros. El clima no es ni bueno ni malo.

Si nosotros decimos que el clima es bueno, o que el tiempo de hoy es bueno, es una apreciación personal nuestra con respecto a lo que  queremos en ese momento y el estado mental en el que estamos. Pero ¿no sería más inteligente procurar un tiempo equilibrado y sostenible meteorológicamente a querer un año en el que todos sus días sean soleados y sin novedades?

El hecho de que las personas seamos falibles y estemos en constante aprendizaje hace que confundamos unas cosas con otras y estemos a veces a un paso de engañarnos. Pero precisamente ese mismo aprendizaje es el que nos saca de esos espejismos y nos permite ver con más claridad. Solo hay que perseverar. Así que, perseveremos en la inteligencia.